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The first drawing I did in my life, or the first one that I can remember, was a big letter A it was the size of the whole drawing sheet the teacher had set in front of me in a children size easel, when I was 4.
I also have clear memories, of my 3 year old birthday but it doesn't concern art, just a brand new unforgettable Green bike.
The colour of the Big letter A was pale orange.

After that, all sorts of million things happened in my life, combined with a few good teachers and a really great one, (Martin Lubner).
All of which we call experiences, but one thing stayed unaltered, and that is the inexplicable way Art is attached to me, or I am attached to Art.
This is why my work, cannot be separated of the day by day life, Because its just there, where the first impulse, the need of creating begins.

My work is the result of all that is around me, music, nature, or that beautifully created or destroyed by men.
What gets my attention had come to a strange level which can be understand as a total return to SIMPLE, or an exceptioanl headway that escapes from all estructured or formal thinking.
Its an investigation still in progress, as art is Never static, its always changing within time and space.
Only one part of Art stays constant and unaltered, but inexplicable, (and that is the part that has lived in me since ever, and which I hope never leaves, but I certainly can't explain).

My search is not complex, I don't mind discovering or explaining important things.
My art is over my senses, it absorbes everything alluring in my world, entering my mind as textures, colours and shapes. Everything looses its original condition of common object, and becomes an exceptional idea to work with.
That is why the yellow that is used to paint most sidewalk curbs, for me becomes the perfect shade of brightnes.
Or the light reflected in the bottom of a pool and its rhythm, its a great luminous sensation to transfer to the canvas.
And so, everything becomes an endless source of visual experiences which activates a creative impulse.
My mind is full of ideas until they are released over the canvas. And that is a magic moment because sometimes the result barely contains a glimpse of the original impulse. And it comes out as a completely new experience.

     
     

La primera pintura que hice en mi vida, o la primera que recuerdo, era una enorme letra A
La pinte del tamaño de toda la hoja que la profesora puso frente a mí en un atril para niños, tenía 4 años. La enorme letra A era de color naranjo pálido.
También tengo recuerdos de cuando cumplí tres años pero no son ni dibujos ni pinturas, sólo que me regalaron una bicicleta verde brillante.
Después de estos destellos de imágenes de infancia, todo tipo de millones de cosas han pasado en mi vida, lo que llamaríamos vivencias, que se fueron combinando o entrelazando con experiencias artísticas. A tal nivel que ya no puedo separar la vida del arte. Por que es ahí, en la vida cotidiana, dónde se desata la necesidad de crear.

Mis trabajos son el resultado de todo lo que está a mi alrededor. Ya sea en la naturaleza o en lo hermosamente creado o destruido por el hombre.
Lo que capta mi atención ha alcanzado un nivel extraño, es un retorno total a lo más simple o un avance excepcional que se escapa de todo pensamiento formal o estructurado.

Es un trabajo de investigación y observación en desarrollo Ya que el arte jamás es estático, va cambiando según su espacio y su tiempo. Solo una parte del Arte es continua y constante, pero indescriptible.

Mi búsqueda no es compleja, no ansío descubrir ni fundamentar asuntos relevantes.
Mi arte hoy está en mi entorno y en mi misma, en todo y en nada. Mi arte se adueñó de mis sentidos y absorbe todo eso que fluye en mi mundo. Música, frases, olores, cosas, entran en mi mente convirtiéndose en texturas, ideas, colores y formas.
Todo pierde su condición original de objeto común , y lo rescato como una forma atractiva o color exquisito, ideal para traspasarlo a la tela, o cualquier otro soporte.

Así el amarillo que se utiliza cotidianamente para pintar los bordes de las veredas, para mi es un amarillo poderoso, atrevido, luminoso, perfecto para dar intensidad a muchos de mis cuadros.
Como también el juego de luces y sombras que se produce en los troncos de los árboles debido a sus hendiduras naturales, podría ser la armonía lumínica ideal para imprimir en algún trabajo.

Y así todo lo que me rodea se convierte en un sin fin de experiencias, que activan mi impulso creativo y me lleno de ideas incrustadas en mi cabeza, que sólo se sueltan al traspasarlas a la tela. Y ese es un momento mágico, porque el resultado es una experiencia completamente nueva, que muchas veces apenas guarda un destello del impulso original.